gerda taro (2)



Hace cuatro años hablábamos de Gerda Taro en este blog. Hoy me encuentro en El País la crónica de cómo fue su muerte:

Aquella tarde terrible del domingo 25 de julio de 1937, en la brutal confusión de la retirada republicana en Brunete, bajo la sombra letal de las alas de fuego de la aviación de Franco, Gerda Taro, la "pequeña rubia", la guapa e intrépida reportera antifascista, cayó del estribo del automóvil al que se había encaramado y fue arrollada accidentalmente por un carro de combate. El tanque era un T-26 ruso del ejército republicano e ingresaba en la carretera desde campo abierto marcha atrás. La fotógrafa se encontraba en el suelo, tras un pequeño ribazo, y el pesado ingenio mecánico le pasó por encima causándole una terrible herida con sus cadenas, destripándola literalmente. La joven no murió en el acto: sujetándose los intestinos y manteniéndolos a duras penas en el vientre abierto fue llevada al hospital inglés de El Goloso donde falleció en la madrugada del día siguiente, seis días antes de cumplir los 27 años.

Aníbal González, el tanquista albaceteño que conducía el carro, no se apercibió de lo sucedido y continuó su camino. Sí lo hizo su amigo y paisano Fernando Plaza, que conducía otro de los tanques T-26 y vio perfectamente la horrible escena. Un tiempo después, al detenerse los carros, fuera ya de la zona de combate, para formar una segunda línea defensiva, Plaza le espetó desde su tanque a González: "¡Te has cargado a la francesa!". Gerda Taro (Gerta Pohorylle), que en su seudónimo artístico jugaba con el nombre de Greta Garbo, era en realidad una judía alemana pero hablaba perfectamente el francés, residía en Francia tras escapar de los nazis y trabajaba para Ce Soir, lo que explica la confusión.

(Más, en El País 12/07/09)

Slidewhow sobre Gerda Taro en NYT


el aura del tiempo

Dice Susan Sontang (Sobre la fotografía, 1973):

El lenguaje con el cual suelen evaluarse las fotografías es en extremo exiguo. A veces se alimenta como un parásito del vocabulario de la pintura: composición, luz, etcétera. Con más frecuencia consiste en los juicios más vagos, como cuando se elogian fotografías por ser sutiles, o interesantes, o vigorosas, o complejas, o simples, o —una expresión predilecta— engañosamente simples.
Esta pobreza de vocabulario no obedece a una razón fortuita: la falta, digamos, de una tradición rica de crítica fotográfica. Es algo inherente a la fotografía misma cada vez que se entiende como arte. La fotografía propone un proceso de la imaginación y un llamamiento al gusto muy diferentes que la pintura (al menos según los conceptos tradicionales). En efecto, la diferencia entre una buena fotografía y una mala fotografía no se parece en nada a la diferencia entre un buen cuadro y un mal cuadro. Las normas de evaluación estética esgrimidas en la pintura dependen de criterios de autenticidad (y falsedad) y artesanía, y en la fotografía esos criterios son más permisivos o simplemente no existen.
[...]
La verdadera diferencia entre el aura que pueden tener una fotografía y una pintura reside en la relación diferente con el tiempo. Las depreciaciones del tiempo suelen desfavorecer las pinturas. Pero parte del interés intrínseco de las fotografías, y fuente importante de su valor estético, proviene precisamente de las transformaciones que les impone el tiempo, el modo en que escapan a las intenciones de sus creadores.
[...]
Pues si bien los cuadros o los poemas no mejoran o atraen más por el mero envejecimiento, todas las fotografías son interesantes y conmovedoras si tienen años suficientes.


(La foto es mía, y debe de tener ya unos veinte años)


ottavio bottecchia



A Ottavio Bottecchia, ganador del Tour en 1924 y 1925, lo encontraron inconsciente a principios de junio de 1927, con el cráneo fracturado, en el borde de un viñedo cerca de su casa, en Gemona de Friuli. Pocos días después, el 15 del mismo mes, moría en el hospital de esa localidad. Oficialmente, se trató de un accidente sufrido cuando entrenaba. Sin embargo, la bicicleta estaba bastante alejada, apoyada contra un árbol. Las ideas antifascistas del ciclista no ayudaron a que se investigara de verdad su muerte, y hubo quién pensó que podía haber sido asesinado a causa de ellas.

Veinte años más tarde, el campesino propietario de la viña donde se encontró a Ottavio confesó haber sido el culpable de la muerte del ciclista, al golpearlo en la cabeza por haberlo encontrado comiéndose sus uvas, lo que parecía raro tratándose del mes de junio. En la investigación policial que se reabrió entonces se llegó a la conclusión de que ambos, campesino y ciclista, se conocían, y que podía tratarse de un crimen pasional.












(Las fotos son enlaces a más información sobre este ciclista y su muerte)


tozudez editorial

8A253863_1a

Las editoriales deben de llevar estos últimos años mirándose sin recato el ombligo, por lo que ignoran por completo qué ha pasado últimamente con la música, el cine e internet. Sólo desde una premisa semejante puede entenderse su manera de plantarse ante el reto que va a suponer la generalización de los lectores y los libros electrónicos. Según ellos, con los e-books deben seguir ganando el mismo dinero los autores, las editoriales tradicionales y los comercios que venden libros. Y su solución para esa ecuación imposible es sencilla: los e-books se bajarán de internet, pero con un código de descarga que se comprará en librerias y centros comerciales, pagando por él casi lo mismo que por un libro normal (puesto que todos han de ganar lo mismo, la diferencia vendrá del distinto coste de producción, y ya sabemos cómo se maneja en este sistema esto de los costes de producción, que varían sorprendentemente según el deseo del productor).
Así esperan evitar lo que ellos llaman piratería y otros denominan descarga gratuita (mal llamada así, porque el ADSL no es precisamente gratis) o compartir archivos. Esto, leído así, es como un chiste. Pero leído entre líneas viene a decir: "No tenemos ni puta idea de qué hacer, pero queremos mantener el negocio, así que esperamos que Papá-Estado, a través del código penal, nos ayude". Pues si estuvieran un poco atentos a las barbas de su vecino, sabrían que Papá-Estado se anda devanando los sesos y tampoco encuentra muchas soluciones.
Yo tampoco las tengo, claro, pero juraría que cuando en mi comunidad se cambió la caldera de carbón por la de gas natural, dejamos de pagarle al carbonero.

pd.: Me da la impresión de que desde estos mundos empresariales tan "masacrados" por internet se le presta poca atención a alternativas reales y posibles como Spotify.


"por qué te vas"

En la película "Cria cuervos":


Jeannette (hace algún tiempo)


Javier Álvarez:


La Oreja y Perales (todavía estoy asombrado, pero me gusta la entrada de Perales)


Kahimi Karie:


refractory (extraña mezcla con rap)



si hay luz (2)

En el cabaret ellos hablaban de colores, ella los dibujaba en el aire, yo quería volver a la pensión. La noche se hacía eterna. Me imaginaba que el taxi seguía esperando fuera a que llegáramos borrachos y ella volviera a meterle prisa, dale duro, pisa a fondo, pero lo decía en castellano y el taxista miraba por el retrovisor y sonreía como si entendiera.
Cuando la conversación se acababa, ellos bailaban en forma de nube, y ella se me acercó con un tipo al que llamaban El Colombiano, que aseguraba tener un pequeño yacaré en casa, debajo de la cama. Le di la mano y me escurrí en el sofá como si fuera un pozo. Los veía entre el hueco de los vasos, mientras me asfixiaba y sentía que volvía a sangrar. El colombiano se sentó a mi lado y me preguntó por Rumanía. Luego me habló del Amazonas, y se giró y se quedó mirándola bailar. Le dije que era mi chica y que el sábado celebraríamos una fiesta en la pensión. Sin volverse hacia mí me preguntó que si ella también era cusqueña. Ella no era de Cusco, ni de Perú, pero no le dije nada. El Colombiano se perdió en la pista, yo cerré los ojos y cuando los abrí estaba en el taxi y ella desde fuera le daba la dirección al conductor y le metía prisa.
Esa noche me dormí solo. Por la mañana ella estaba a mi lado y olía a sexo. Desde la ventana llegaba el rumor de un extraño silencio. Me acerqué hasta ella y vi un grupo de gente en una esquina de la plaza. Había dos coches de policía con las luces encendidas y las señoras que volvían de misa se persignaban al pasar. Anoche mataron al Colombiano, me dijo ella desde la cama.


el que esté libre de culpa


si hay luz

Si hay luz, me gusta mirar las montañas y recordar que hace tan solo unos días he estado en el cabaret en Sinaia. La animación era genial, mi amiga incluso bailó con ellos. Nos juntamos temprano el domingo para ir a comprar. Ellos nos seguían casi dormidos. Ella llevaba la voz cantante, ya que era la única que conocía el idioma. Yo no escogí enamorarme de ella, como tampoco escogí que fuera mi amiga. Además, me apetecía un buen té.

Hace unos años me marché de casa huyendo de muchas cosas: de los viernes en los que nos juntábamos unos ocho o nueve ex numerarios en la casa de mi madre, del despertar de los domingos por la mañana, de los picnic, de los autobuses donde había que subir a toda prisa, de los aparatos que activaban la señal acústica al conectarlos a una línea de baja tensión, de las advertencias de no ponerlo en marcha, de no ver nada, de mi pasado entero, de comerme el coco esperando a ver si el día siguiente los había más baratos. “Tienes que hacer una llamada y ahora mismo te pasarán conmigo”. Me marché detrás de un número telefónico que encontré en Google. Compré un paquete en una agencia de Cuzco, de los que lo incluían todo, incluso los boletos aéreos.

A veces vuelvo a verlo todo negro, a estar en modo prueba de errores, como el otro día, en el cabaret. Ellos pararon, ella me miraba. “Ya te he dicho que no recuerdo nada anterior a haberte conocido”.


besos, tacones, desnudos, helmut, newton


en casa del ahorcado



Esta viñeta no es un chiste, ni una exageración; es un golpe bajo, una puñalada trapera a los que un día caímos en la tentación de comprar una bici "plegable" con una bolsa para su "cómodo" transporte.